La lumbre se hacia más tenue y lo que quedaba de los leños de olivo luchaban denostadamente por no ser consumidos por el calor del hogar en la vieja chimenea de piedra.
-Vamos Pedrito, que te llevo a la cama, dales las buenas noches a papá y mamá que nos vamos a dormir.
-¡Buenas noches papá! ¡Buenas noches mamá!
-¡Buenas noches Pedrito!
Cogió al pequeño en brazos y empezó a subir las escaleras rumbo al descanso merecido.
-Abuelito, abuelito... ¿qué era eso que hablabas con Papá?
-¿El qué, Pedrito?
-El Volvo, ¿Qué era un Volvo?
El anciano paró en seco, miró a su nieto que permanecía expectante en sus brazos, miró a su hija que le devolvía la mirada con una sonrisa de complicidad desde el sillón del salón, frente al fuego, junto a su marido -que murmullaba entre dientes “... este crío!”- se lo volvió a mirar y le preguntó: “ pero ¿no dormías?”
-No. Os estaba escuchando pero no entendía nada. ¿Me lo explicas, abuelito?
-¿Cómo no? Mientras te duermes te lo explico todo. Vamos. Esto ocurrió hace mucho, allí por el dos mil y... dos mil y poco, muy poco. Tu abuelita y yo nos habíamos comprado un coche: Un Volvo.
-¿Y que es un coche, abuelito?
-Ufff. Como te explico yo eso. Hace tiempo, hace mucho tiempo, cuando no existía el teletransporte, ni las relaciones de espacio cero, ni las conferencias por holografía, la gente debía trasladarse de un sitio a otro para hacer sus cosas, su trabajo, su vida, ¿entiendes?
-Un poco.
-Y el coche era un medio para moverse, para desplazarse y la gente lo usábamos para llegar a otros sitios, para ver a los amigos, para ver nuevos lugares... para vivir!!
-¿Y el Volvo era un coche?
-Era algo mas que un coche. Mira: te voy a contar una historia que nos paso a la abuelita y a mí: poco después de comprar el coche encontré a un grupo de personas en Internet que tenían todos el mismo coche
-¿Qué es interné abuelito?
-Ufff. Mejor lo dejamos para mañana, ¿no? Y te lo cuento con mas calma.
-Noooo. Cuéntamelo abuelito que luego mañana ya no...
-Bueeeno. Vamos a ver, Internet era algo así como una gran caja donde podías encontrarlo todo. Algo así como el mundo entero en tus manos. Hoy, no se como explicártelo... tenéis tantas cosas que entonces no teníamos... ¡Es igual! La cosa es que encontramos a un grupo de personas y todas tenían el mismo coche que nosotros. Y el coche nos unió a todos. Todos vivíamos lejos unos de otros pero nos reuníamos en Internet y nos contábamos nuestras cosas, lo que le hacíamos a los coches, nuestros proyectos, nuestros intereses... ¿entiendes? Éramos como una gran familia: nos alegrábamos de las dichas de los demás y nos apoyábamos en las desdichas a pesar de la distancia.
-Abuelito... no entiendo nada.
-No te preocupes hijo, tu madre no había ni siquiera nacido. Es normal que no lo entiendas. ¡Ale!¡A dormir!
Los ojos del anciano se humedecieron, su brillo deslumbró al crío y éste entendió que algo quedaba sin contar y complaciente miró al viejo y le regaló: “ abuelito, aunque yo no entienda nada, ¿por qué no me sigues explicando?
Sonrisa de agradecimiento en un rostro ajado por la vida, sonrisa de complacencia en la tez del infante curioso. El viejo se sentó en el borde de la cama y prosiguió:
-La abuelita se enamoró de nuestro coche ya antes de conocerlo. Y poco después de hacernos amigos de estas personas del Internet el coche había cambiado y crecido.
-Mamá dice que tengo que comer mucho para poder crecer tan fuerte como papá. ¿Qué le dabais de comer al Volvo para que creciera tanto?
-Cariño, mucho cariño, mucha dedicación y muchas horas. Los amigos de internet nos ayudaban cuando tenía algún problemilla, con sus sabios consejos conseguíamos tenerlo siempre perfecto. Gracias a mil y un bricos conseguimos que de noche viera más, reparamos su limpiacristales, le cambiamos sus amortiguadores para que fuera más cómodo y más seguro, le cambiamos su ventilador para que no se calentara en exceso, .... en fin ..... nos quisimos tanto...
El silencio se apoderó de todo por unos instantes y cuando las miradas se volvieron a encontrar en la penumbra...
-¿Por qué lloras abuelito?
-Nada hijo, nada, cosas de viejos –murmullo enjuagándose alguna que otra lágrima proscrita-.
-¡¡¡¡Mamá!!!! ¡¡¡¡Mamá!!!!
-¿¿¿Qué??? ¿¿¿Qué pasa??? ¿¿¿Qué pasa???
-¡¡¡El abuelito está llorando!!! Yo no quiero que llore!
Entraron todos en la estancia rodeando al viejo, roto..., hundido... Una anciana de cuerpo menudo le arropó con una vieja manta, le dio un tierno y profundo beso en la frente mientras le ayudaba a levantarse y se lo llevó fuera.
El llanto del crío se hizo verdugo victorioso del silencio que había intentado reinar en la casa. La pequeña mujer de rostro apacible volvió junto al niño que desconsolado no entendía las lágrimas de su héroe de mil batallas y paladín de mil historias, en realidad no había entendido nada desde hacía rato.
-No llores Pedrito. Mira... las personas mayores cuando nos acordamos de los que hemos querido nos ponemos un poquito tontos y lloramos. Tu no te preocupes que el abuelo te quiere mucho y no es por ti que haya llorado esta noche.
-Si yo solo le he preguntado lo que era un Volvo ...
-Ah. Era eso. No te preocupes. Ya veras como mañana se le ha pasado. Duérmete y sueña con los angelitos, vida mía. Buenas noches.
-¿Abuela? ¿Qué paso con el Volvo?
-Pues se fue. Un día nos dejó. Estaba muy mayorcito y tenia muchísimos kilómetros. Habíamos hecho tantas cosas juntos... En fin, las cosas como las personas se van pero siempre perdura su recuerdo y los buenos momentos vividos.
-¿Abuela? ¿Y esos amigos del Interné? ¿También se fueron?
-No hijo,... por mucho tiempo que pase,.... esos vivirán siempre... en nuestros corazones.
-¿Lloras abuelita?
-No, vida es que me debe haber entrado algo en un ojo...
-Abuelita...
-¿Qué quieres, vida?
-Nada, que te quiero mucho.
-Y yo a ti, cielo mío... y yo a ti.

-Vamos Pedrito, que te llevo a la cama, dales las buenas noches a papá y mamá que nos vamos a dormir.
-¡Buenas noches papá! ¡Buenas noches mamá!
-¡Buenas noches Pedrito!
Cogió al pequeño en brazos y empezó a subir las escaleras rumbo al descanso merecido.
-Abuelito, abuelito... ¿qué era eso que hablabas con Papá?
-¿El qué, Pedrito?
-El Volvo, ¿Qué era un Volvo?
El anciano paró en seco, miró a su nieto que permanecía expectante en sus brazos, miró a su hija que le devolvía la mirada con una sonrisa de complicidad desde el sillón del salón, frente al fuego, junto a su marido -que murmullaba entre dientes “... este crío!”- se lo volvió a mirar y le preguntó: “ pero ¿no dormías?”
-No. Os estaba escuchando pero no entendía nada. ¿Me lo explicas, abuelito?
-¿Cómo no? Mientras te duermes te lo explico todo. Vamos. Esto ocurrió hace mucho, allí por el dos mil y... dos mil y poco, muy poco. Tu abuelita y yo nos habíamos comprado un coche: Un Volvo.
-¿Y que es un coche, abuelito?
-Ufff. Como te explico yo eso. Hace tiempo, hace mucho tiempo, cuando no existía el teletransporte, ni las relaciones de espacio cero, ni las conferencias por holografía, la gente debía trasladarse de un sitio a otro para hacer sus cosas, su trabajo, su vida, ¿entiendes?
-Un poco.
-Y el coche era un medio para moverse, para desplazarse y la gente lo usábamos para llegar a otros sitios, para ver a los amigos, para ver nuevos lugares... para vivir!!
-¿Y el Volvo era un coche?
-Era algo mas que un coche. Mira: te voy a contar una historia que nos paso a la abuelita y a mí: poco después de comprar el coche encontré a un grupo de personas en Internet que tenían todos el mismo coche
-¿Qué es interné abuelito?
-Ufff. Mejor lo dejamos para mañana, ¿no? Y te lo cuento con mas calma.
-Noooo. Cuéntamelo abuelito que luego mañana ya no...
-Bueeeno. Vamos a ver, Internet era algo así como una gran caja donde podías encontrarlo todo. Algo así como el mundo entero en tus manos. Hoy, no se como explicártelo... tenéis tantas cosas que entonces no teníamos... ¡Es igual! La cosa es que encontramos a un grupo de personas y todas tenían el mismo coche que nosotros. Y el coche nos unió a todos. Todos vivíamos lejos unos de otros pero nos reuníamos en Internet y nos contábamos nuestras cosas, lo que le hacíamos a los coches, nuestros proyectos, nuestros intereses... ¿entiendes? Éramos como una gran familia: nos alegrábamos de las dichas de los demás y nos apoyábamos en las desdichas a pesar de la distancia.
-Abuelito... no entiendo nada.
-No te preocupes hijo, tu madre no había ni siquiera nacido. Es normal que no lo entiendas. ¡Ale!¡A dormir!
Los ojos del anciano se humedecieron, su brillo deslumbró al crío y éste entendió que algo quedaba sin contar y complaciente miró al viejo y le regaló: “ abuelito, aunque yo no entienda nada, ¿por qué no me sigues explicando?
Sonrisa de agradecimiento en un rostro ajado por la vida, sonrisa de complacencia en la tez del infante curioso. El viejo se sentó en el borde de la cama y prosiguió:
-La abuelita se enamoró de nuestro coche ya antes de conocerlo. Y poco después de hacernos amigos de estas personas del Internet el coche había cambiado y crecido.
-Mamá dice que tengo que comer mucho para poder crecer tan fuerte como papá. ¿Qué le dabais de comer al Volvo para que creciera tanto?
-Cariño, mucho cariño, mucha dedicación y muchas horas. Los amigos de internet nos ayudaban cuando tenía algún problemilla, con sus sabios consejos conseguíamos tenerlo siempre perfecto. Gracias a mil y un bricos conseguimos que de noche viera más, reparamos su limpiacristales, le cambiamos sus amortiguadores para que fuera más cómodo y más seguro, le cambiamos su ventilador para que no se calentara en exceso, .... en fin ..... nos quisimos tanto...
El silencio se apoderó de todo por unos instantes y cuando las miradas se volvieron a encontrar en la penumbra...
-¿Por qué lloras abuelito?
-Nada hijo, nada, cosas de viejos –murmullo enjuagándose alguna que otra lágrima proscrita-.
-¡¡¡¡Mamá!!!! ¡¡¡¡Mamá!!!!
-¿¿¿Qué??? ¿¿¿Qué pasa??? ¿¿¿Qué pasa???
-¡¡¡El abuelito está llorando!!! Yo no quiero que llore!
Entraron todos en la estancia rodeando al viejo, roto..., hundido... Una anciana de cuerpo menudo le arropó con una vieja manta, le dio un tierno y profundo beso en la frente mientras le ayudaba a levantarse y se lo llevó fuera.
El llanto del crío se hizo verdugo victorioso del silencio que había intentado reinar en la casa. La pequeña mujer de rostro apacible volvió junto al niño que desconsolado no entendía las lágrimas de su héroe de mil batallas y paladín de mil historias, en realidad no había entendido nada desde hacía rato.
-No llores Pedrito. Mira... las personas mayores cuando nos acordamos de los que hemos querido nos ponemos un poquito tontos y lloramos. Tu no te preocupes que el abuelo te quiere mucho y no es por ti que haya llorado esta noche.
-Si yo solo le he preguntado lo que era un Volvo ...
-Ah. Era eso. No te preocupes. Ya veras como mañana se le ha pasado. Duérmete y sueña con los angelitos, vida mía. Buenas noches.
-¿Abuela? ¿Qué paso con el Volvo?
-Pues se fue. Un día nos dejó. Estaba muy mayorcito y tenia muchísimos kilómetros. Habíamos hecho tantas cosas juntos... En fin, las cosas como las personas se van pero siempre perdura su recuerdo y los buenos momentos vividos.
-¿Abuela? ¿Y esos amigos del Interné? ¿También se fueron?
-No hijo,... por mucho tiempo que pase,.... esos vivirán siempre... en nuestros corazones.
-¿Lloras abuelita?
-No, vida es que me debe haber entrado algo en un ojo...
-Abuelita...
-¿Qué quieres, vida?
-Nada, que te quiero mucho.
-Y yo a ti, cielo mío... y yo a ti.