K
Kynkos
Guest
Esta mañana iba yo un poco pillado a trabajar, y tuve que pisarle un poco al autobús, o no llegaba. Yo procuro cumplir escrupulosamente con todas las normas de circulación, salvo con las de los límites de velocidad, que incumplo con el más absoluto y consciente cinismo. Es una cuestión de principios
.
Y os cuento esto, porque al hilo de ir rápido y adelantar rápido, me he llevado varias ráfagas de algún papanatas justiciero de la carretera, que se considera mejor conductor y mejor ciudadano por el simple hecho de circular dentro de los límites permitidos; o tal vez es que simplemente les jode que otro vehículo más rápido les adelante, no lo sé. Por supuesto, sobra decir que los adelantamientos son limpios, sin estorbar al que paso, ni andar justo con el que viene de frente: esos no me dieron ni una ráfaga, no se sintieron "amenazados".
Y aquí es donde uno se pone a pensar en la obsesión -nuevamente papanatas, como todas las obsesiones- que se respira por la "seguridad" como concepto abstracto, que luego poca gente concreta en la conducción diaria.
Porque sí, todo el mundo está obsesionado porque su coche tenga 10 kg de airbags, refuerzos hasta en los elevalunas y una chapa-que-te-cagas.
Porque me compro un Volvo, que es lo más seguro del universo, pero luego no enciendo las luces salvo que sea noche cerrada, porque gasta más.
Pero esa misma gente es la que se permite el lujo de mirarte por encima del hombro; sí, son las huestes que circulan sin luces, con las antinieblas en agosto, con un pack de dados y otro de peluches estorbando la visión, con un amortiguador reventado, los neumáticos sin dibujo y bajos de presión, o los cambian de uno en uno para ahorrar, y sobre todo, los dementes que en su puñetera vida y miserable existencia jamás se preocuparán de aprender a manejar su vehículo como deben, o reciclarse en un curso, o simplemente, de formarse para las eventuales emergencias.
Y esos ciudadanos son los que luego te miran mal sólo porque tú vas más rápido que ellos. Los que te dan ráfagas sólo porque los adelantas. O los que aceleran cuando ven que los vas a pasar... aunque yo jamás llegaré a entender el motivo.
Y me crea mala sangre. Y me niego a admitir que sean mejores personas o conductores sólo porque cumplen con los límites de velocidad. Sólo son justicieros equivocados... pero mucho.
"Del barco de Chanqueteeee, no nos moverán". Pues eso.
Y os cuento esto, porque al hilo de ir rápido y adelantar rápido, me he llevado varias ráfagas de algún papanatas justiciero de la carretera, que se considera mejor conductor y mejor ciudadano por el simple hecho de circular dentro de los límites permitidos; o tal vez es que simplemente les jode que otro vehículo más rápido les adelante, no lo sé. Por supuesto, sobra decir que los adelantamientos son limpios, sin estorbar al que paso, ni andar justo con el que viene de frente: esos no me dieron ni una ráfaga, no se sintieron "amenazados".
Y aquí es donde uno se pone a pensar en la obsesión -nuevamente papanatas, como todas las obsesiones- que se respira por la "seguridad" como concepto abstracto, que luego poca gente concreta en la conducción diaria.
Porque sí, todo el mundo está obsesionado porque su coche tenga 10 kg de airbags, refuerzos hasta en los elevalunas y una chapa-que-te-cagas.
Porque me compro un Volvo, que es lo más seguro del universo, pero luego no enciendo las luces salvo que sea noche cerrada, porque gasta más.
Pero esa misma gente es la que se permite el lujo de mirarte por encima del hombro; sí, son las huestes que circulan sin luces, con las antinieblas en agosto, con un pack de dados y otro de peluches estorbando la visión, con un amortiguador reventado, los neumáticos sin dibujo y bajos de presión, o los cambian de uno en uno para ahorrar, y sobre todo, los dementes que en su puñetera vida y miserable existencia jamás se preocuparán de aprender a manejar su vehículo como deben, o reciclarse en un curso, o simplemente, de formarse para las eventuales emergencias.
Y esos ciudadanos son los que luego te miran mal sólo porque tú vas más rápido que ellos. Los que te dan ráfagas sólo porque los adelantas. O los que aceleran cuando ven que los vas a pasar... aunque yo jamás llegaré a entender el motivo.
Y me crea mala sangre. Y me niego a admitir que sean mejores personas o conductores sólo porque cumplen con los límites de velocidad. Sólo son justicieros equivocados... pero mucho.
"Del barco de Chanqueteeee, no nos moverán". Pues eso.