Ten cuidado, preciosa, fueron las ultimas palabras que le dije a mi hija. Estaba en toalla recién salida de la ducha. Se iba a una cena para celebrar la graduación de su mejor amiga.
Dos mensajes de whatsapp desde la ceremonia, uno señalando que estaba allí el ministro De guindos, otro diciéndome que acababa de aparecer el rector de su universidad.
Todo estupendo, al día siguiente se iba de vuelta a la ciudad donde cursa su beca Erasmus.
Todo estupendo hasta la llamada.
Siempre que eres padre esperas la llamada.
La llamada es lo que mas temes.
No hay nada peor que el maldito móvil sonando a deshoras.
Estos últimos tiempos he recibido varias veces la llamada. La llamada de mis suegros, atropellados a la par en un accidente estúpido. La llamada de mi madre, muerta de una manera absurda.
Pero ese martes la llamada era incluso peor.
Mi hija acababa de sufrir un accidente. Absurdo por supuesto, como todo lo que nos esta pasando de un tiempo a esta parte.
Sonaba el ayfon y de verdad a esas horas yo podría esperarme muchas cosas, pero no me esperaba esa llamada.
Esa llamada (y todo lo que pasó después) ha quedado grabado a fuego en mi memoria. Maldita sea, que momentazos me esta deparando el teléfono. Creo que si mañana me tocase el euromillones lo primero que haría seria tirar el ayfon a la basura. Detrás iría mi colección de relojes.
Estoy hastiado, llevo 49 años huyendo. Y ya no no quiero huir mas. Ya no hay sitio a donde huir.
Tengo la clara sensación de que he pasado por la parte alta de la curva y solo me queda ir como las arenas movedizas, siempre hacia abajo.
Mi hija quedará bien por cierto. Traumatismo craneoencefálico. Cuatro días de hospital y cuatro semanas para que su cerebro reactive todas las conexiones.
Menuda mierda. No sabes en que momento la normalidad de cada día deja paso a la llamada. La puta llamada.
Y después de la llamada el ¿y si?
¿Y si se hubiera llevado su coche en vez de ir con su amiga “despistes” ?
¿Y si en vez de chocar con un smart hubiera sido con suv como el mio?
¿y si se hubiera ido el lunes como estaba previsto en vez de quedarse para la fiesta de su amiga?
¿y si…?
Nada
No hay nada mas que decir. Las cosas pasan, los accidentes ocurren.
Mi hija se dejó la suerte en Copenhague. Se le olvidó meterla en la maleta.Me lo dijo su hermana que tiene una sensibilidad especial. Y tenia toda la razón.
Y yo la quiero mucho. Y la he visto pasar en una camilla de chapa entubada e inmóvil. Y la he visto en la UCI, sin sentido, llena de cables y de tubos. Y en la cama de un hospital público, mas parecido a uno de Kandahar que a lo que uno piensa que debe haber en un país civilizado. Y me he sentido mas impotente que nunca por que no sabia donde estaba, donde la llevaba la ambulancia, donde la habían ingresado, a que habitación la llevaron después.
Y me cago en todo,. Menuda mierda de estado de bienestar tenemos que si tienes un accidente te queda como recurso que las personas del samur te rescaten como mejor saben y pueden, que te dejen en el hospital mas próximo y que Dios te ampare.
Sin tu familia cerca eres un cero a la izquierda, un número, uno mas en una marejada de afectados, en una zona de guerra en un sitio horrible donde no hay medios, no hay médicos suficientes, no hay camas y no hay personas, no hay humanidad. Es como en el ejercito, hay que priorizar el peor caso y dejar de lado a los demás.
eso es así, para eso pagamos. Pero podemos pagar otras cosas. Sanidad de gente que nunca ha cotizado. Operaciones de los que vienen a aprovecharse de nuestra generosidad si no de nuestra estupidez. Bueno, ese es otro tema. Caerá por su propio peso. Tendrá un precio brutal, de sangre, de muertos, de vidas. Pero caerá. Todo cae al final, es la ley de la gravedad.
Vale, se recuperará pero ya nada volverá a ser lo mismo.
Ya volvemos al insomnio, a pasarlo mal cuando no está, cuando no llama o cuando no manda un mensaje.
Bueno, tiene 22 años, esta ya a punto para volar del nido. Ya somos viejos y ella tiene otras metas, otras inquietudes y que demonios, tiene que hacer su vida.
Pero eso no borra 23 años de nuestra historia, no quita que la queramos, no consigue evitar que nos preocupemos por ella.
Y siempre la llamada. La puta llamada.
Maldita sea, con lo bien que se vive en la ignorancia.
Tener cuidado de cómo os despedís de vuestros seres queridos. Esas pueden ser vuestras últimas palabras.
Dos mensajes de whatsapp desde la ceremonia, uno señalando que estaba allí el ministro De guindos, otro diciéndome que acababa de aparecer el rector de su universidad.
Todo estupendo, al día siguiente se iba de vuelta a la ciudad donde cursa su beca Erasmus.
Todo estupendo hasta la llamada.
Siempre que eres padre esperas la llamada.
La llamada es lo que mas temes.
No hay nada peor que el maldito móvil sonando a deshoras.
Estos últimos tiempos he recibido varias veces la llamada. La llamada de mis suegros, atropellados a la par en un accidente estúpido. La llamada de mi madre, muerta de una manera absurda.
Pero ese martes la llamada era incluso peor.
Mi hija acababa de sufrir un accidente. Absurdo por supuesto, como todo lo que nos esta pasando de un tiempo a esta parte.
Sonaba el ayfon y de verdad a esas horas yo podría esperarme muchas cosas, pero no me esperaba esa llamada.
Esa llamada (y todo lo que pasó después) ha quedado grabado a fuego en mi memoria. Maldita sea, que momentazos me esta deparando el teléfono. Creo que si mañana me tocase el euromillones lo primero que haría seria tirar el ayfon a la basura. Detrás iría mi colección de relojes.
Estoy hastiado, llevo 49 años huyendo. Y ya no no quiero huir mas. Ya no hay sitio a donde huir.
Tengo la clara sensación de que he pasado por la parte alta de la curva y solo me queda ir como las arenas movedizas, siempre hacia abajo.
Mi hija quedará bien por cierto. Traumatismo craneoencefálico. Cuatro días de hospital y cuatro semanas para que su cerebro reactive todas las conexiones.
Menuda mierda. No sabes en que momento la normalidad de cada día deja paso a la llamada. La puta llamada.
Y después de la llamada el ¿y si?
¿Y si se hubiera llevado su coche en vez de ir con su amiga “despistes” ?
¿Y si en vez de chocar con un smart hubiera sido con suv como el mio?
¿y si se hubiera ido el lunes como estaba previsto en vez de quedarse para la fiesta de su amiga?
¿y si…?
Nada
No hay nada mas que decir. Las cosas pasan, los accidentes ocurren.
Mi hija se dejó la suerte en Copenhague. Se le olvidó meterla en la maleta.Me lo dijo su hermana que tiene una sensibilidad especial. Y tenia toda la razón.
Y yo la quiero mucho. Y la he visto pasar en una camilla de chapa entubada e inmóvil. Y la he visto en la UCI, sin sentido, llena de cables y de tubos. Y en la cama de un hospital público, mas parecido a uno de Kandahar que a lo que uno piensa que debe haber en un país civilizado. Y me he sentido mas impotente que nunca por que no sabia donde estaba, donde la llevaba la ambulancia, donde la habían ingresado, a que habitación la llevaron después.
Y me cago en todo,. Menuda mierda de estado de bienestar tenemos que si tienes un accidente te queda como recurso que las personas del samur te rescaten como mejor saben y pueden, que te dejen en el hospital mas próximo y que Dios te ampare.
Sin tu familia cerca eres un cero a la izquierda, un número, uno mas en una marejada de afectados, en una zona de guerra en un sitio horrible donde no hay medios, no hay médicos suficientes, no hay camas y no hay personas, no hay humanidad. Es como en el ejercito, hay que priorizar el peor caso y dejar de lado a los demás.
eso es así, para eso pagamos. Pero podemos pagar otras cosas. Sanidad de gente que nunca ha cotizado. Operaciones de los que vienen a aprovecharse de nuestra generosidad si no de nuestra estupidez. Bueno, ese es otro tema. Caerá por su propio peso. Tendrá un precio brutal, de sangre, de muertos, de vidas. Pero caerá. Todo cae al final, es la ley de la gravedad.
Vale, se recuperará pero ya nada volverá a ser lo mismo.
Ya volvemos al insomnio, a pasarlo mal cuando no está, cuando no llama o cuando no manda un mensaje.
Bueno, tiene 22 años, esta ya a punto para volar del nido. Ya somos viejos y ella tiene otras metas, otras inquietudes y que demonios, tiene que hacer su vida.
Pero eso no borra 23 años de nuestra historia, no quita que la queramos, no consigue evitar que nos preocupemos por ella.
Y siempre la llamada. La puta llamada.
Maldita sea, con lo bien que se vive en la ignorancia.
Tener cuidado de cómo os despedís de vuestros seres queridos. Esas pueden ser vuestras últimas palabras.